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EL POR QUÉ DE LOS COMIENZOS
El espejo se había roto antes y siempre había logrado recomponerlo. Siempre había logrado volver a verme. Pero esta vez estalló en millones de pequeños pedazos y minúsculas astillas que saltaron por los aires. Desde entonces ando ocupada en la ardua tarea de recomponer el espejo para lograr volver a verme tal y como era, buscando con una paciencia infinita, en todos los lugares posibles, cada uno de esos trozos e intentando intensamente unirlos con todo el cuidado y precisión de la que soy capaz. No sé si lograré recomponerlo y desconozco si una vez recompuesto logrará devolverme la misma imagen de mí, esa que evoco unos minutos todos los días antes de dormirme para intentar que no se me borre de la memoria. Y mientras tanto persevero, sigo buscando en todos los rincones, recomponiendo y uniendo los pedazos, jugando con sus formas. No pierdo la esperanza.


